lunes, 7 de julio de 2014

El prado


Sentada en el pequeño prado, miraba al cielo absorta, imaginando en cada nube la fina representación de sus sueños, perfectas recreaciones de sus perennes anhelos. Un par de pequeños árboles a su derecha apenas llegaban a darle una tímida sombra.

Mientras el sol acurrucaba aquella atmósfera, una ligera brisa la adormecía. Ignoraba, sumergida en sus divagaciones, la negra nube que se adivinaba ya a lo lejos, entre dientes de león que volaban perdiéndose en el horizonte.

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